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EL SUEÑO.

Posted in NOVELA, PROSA, POESIA with tags , , , on 11 febrero, 2010 by mysteryland

Caronte comienza a remar

Con la mirada perdida en la pared de delante suyo, Pedro no dejaba de pensar en lo soñado de nuevo, esa noche. Y el cansancio se le notaba en cada poro de su piel.

–        Maldita sea !!, con esta ya son dos semanas que ese sueño no me deja dormir todo o que necesito. Ya no sé que pensar ni que hacer, tal vez será mejor que vsite a un psicólogo para que al menos, me recete algo con lo que poder descansar de una vez.

El despertador sonó a lo lejos, en el dormitorio suyo, lo que le hizo reaccionar levantándose del sofá para comenzar a arreglarse e ir al trabajo. Como cada dia, como cada semana.

Elena seguía dormida en la cama y al verla Pedro, tan relajada, tan tranquila, le dió envidia de que pudiera descansar tan bien mientras él se pasaba las noches en vela tras despertarse siempre, tras ese sueño repetitivo, cansino y al mismo tiempo terrible.

Y fuera, empezaba a llover.

Mientras el agua de la ducha corría por su espalda, relajándole algo su cansado cuerpo, recordaba el sueño tenido esa noche, de nuevo, igual en todos los aspectos y de extremadamente reales imágenes. Se veía con Elena en el portal de su casa, cuando un destello terrible iluminaba todo a su alrededor, seguido de un inmenso estampido que levantaba todo a su alrededor mientras un increible calor invadía su cuerpo, quemándole hasta las entrañas y viendo como su mujer, Elena, ardía totalmente a su lado. Grandes trozos del edificio de delante suyo, salían disparados contra él mientras observaba lentamente como su piel desaparecía a grandes jirones dejando ver los músculos, tendones, nervios de su cuerpo, carbonizándose y saltando a grandes pedazos, de los huesos.

No había dolor, solo calor. Un terrible y asfixiante calor que le quemaba por dentro mientras a lo lejos, en un segundo plano, podía ver entre las llamas, el polvo y las ruinas de edficios volando, una silueta, una sombra que no ardía como el resto.

Todo a su alrededor estaba en llamas y veía como una inmensa ola de tierra y rocas venía hacia ellos a gran velocidad. Era la montaña que tenían en las afueras de la ciudad que parecía, en esos momentos, como un mar embravecido, salvaje, loco, que por una inmensa explosión, era arrancada de cuajo, levantada y puesta en marcha como si fuera de agua.

Pero de un agua hecha fuego.

Mientras veía esa sombra, le parecía oir que la misma, se reía.

Y justo en ese momento, se despierta de la pesadilla para no poder ya, volver a conciliar el sueño.

El café estaba caliente, humeante, cargado. Mientras Pedro estaba sentado en la mesa de la cocina bebiendolo, fuera seguía lloviendo.

–        Y encima, tengo el coche aparcado lejos de casa. Si es que no tengo suerte, joder. empezamos bien la semana…

Ya dentro del coche, la radio comenzaba a vomitar desgracias: el paro aumenta, la deuda del país está en los límites, cierran cada dia más empresas, los bancos no sueltan prenda… mala semana tenemos –pensó Pedro- y ni la música de otras cadenas me anima. Las imágenes de esa montaña volando hacia él, seguía en su mente. Ese maldito sueño, esa pesadilla repetitiva me está empezando a preocupar…

Los compañeros de trabajo parecían cansados también, se les veía preocupados por todo. El ambiente se notaba tenso sin tener una razón lógica para ello, pués la empresa funcionaba bien y no parecía que le afectara mucho la crisis económica que en esos tiempos, se hacía presente en muchos lugares.

–        Qué Pedro, ¿te vienes a desayunar con nosotros?. Juán, el compañero suyo de la oficina de al lado, entró en la suya como cada dia, a las diez de la mañana en punto, sin perder ni un segundo para detener el tiempo de trabajo durante, al menos, media hora. la media hora en que podían hablar de sus cosas y relajarse un poco.

–        Si, enseguida voy contigo. Espera que envío este correo y os acompaño. Quiero comentaros algo que me está pasando desde hace dos semanas y no se como arreglarlo.

–        ¿Problemas en casa?, jeje… de esos tenemos para dar también. venga, no te preocupes que veremos que podemos hacer.

Tras cerrar la puerta, Pedro acabó de enviar el e-mail y cogiendo la chaqueta, salió de la oficina en drección al bar de al lado de la empresa.

Al llegar al bar donde estaban sus compañeros, observó que a pesar de ser la hora del desayuno para todas las oficinas de la zona, el bar estaba solitario, solo estaban ellos, el camarero y un hombre alto, elegantemente vestido, sentado en un taburete de la barra del bar, dándoles la espalda al grupo, que estaba sentado en una mesa cercana.

Sin prestar más atención al personaje de la barra, encargó su café y pasta –como siempre- a Antonio, el encargado del bar, no sin antes saludarle como siempre.

–        Buenas las tenga usted, señor Antonio.

–        Mejor las tiene el que gobierna, señor Pedro.

Tras sentarse en la mesa con sus compañeros, Juán, el amigo que le invitó antes al desayuno diario, le preguntó acerca de los problemas que le había comentado:

–        A ver Pedro, ¿qué te pasa?

–        Buf, no sé como empezar porque lo mismo me tomais por loco, ¿sabes?.

–        Bah, tu empieza por el comienzo que es como deben hacerse y decirse las cosas.

–        Bueno, pués que desde hace dos semanas estoy sufriendo una pesadilla repetitiva, siempre igual, terrible y que acaba por despertarme y no dejarme dormir de nuevo.

–        ¿Pesadilla?, vaya, pués yo no he querido decir nada antes pero… me pasa lo mismo –dijo Andrés, otro de los compañeros de trabajo-.

–        ¿Me estais tomando el pelo?¿también teneis pesadillas?. Llevo casi una semana yo con el mismo problema, hasta mi mujer ha tenido y lo curioso es que tanto la suya como la mía, son idénticas.

Los amigos se quedaron mirandose, como esperando a ver cual de ellos comianza a explicar la pesadilla.

–        Vereis –dijo Pedro-, la mia es la destrucción de la ciudad, de una gran explosión, enorme, brutal, y un terrible calor que…

–        Joder, lo mismo que la mía –apuntó Juán- ¿te ves ardiendo, también?

–        Si, pero tanto yo como Elena y el resto de personas que hay alrededor.

Andrés, con la mirada atónita, les escuchaba cuando de repente dijo que le pasaba lo mismo. También desde hacía una semana y que le estaba comenzando a preocupar.

–        Se lo he dicho a Ana –confesó Andrés- y me ha confirmado lo más extraño: que a ella le está empezando a suceder lo mismo pero con la diferencia de que ella aún puede conciliar el sueño.

–        ¿Y qué es lo que ves en la pesadilla? –inquirió Juán-.

–        Pués lo mismo que vosotros, por lo que parece, incluso veo como la…

No pudo acabar la frase. El personaje elegante de la barra, sentado de espaldas a ellos, comenzó a hablar:

–        … como la montaña de delante de la ciudad, sale despedida hacia uno, en medio de nubes de polvo, piedras y fuego, ¿verdad?.

El grupo se quedó estupefacto mirando al hombre elegante, sin saber que decir, mientras ese personaje seguía hablandoles dándoles la espalda:

–        La piel cae carbonizada y pueden verse los músculos, tendones y  nervios como poco a poco, se van desprendiendo del hueso. Mientras tanto la ciudad al completo parece saltar por los aires y la montaña acercándose cada vezz más rápidamente, más grande, más inmensa. Y el calor… es ardiente y parece quemarnos por dentro…¿verdad señores?.

Había algo de conocido en ese hombre. Algo que les parecía reconocer sin saber el que exactamente. Fue cuando dicho personaje se levantó del taburete y al girarse, dirigiéndose hacia ellos, supieron a quien les recordaba: era la silueta que veían riéndose en la pesadilla, en medio de las llamas y la destrucción.

–        ¿Me permiten sentarme con ustedes, señores?, quiero decirles una cosa importante.

Sin dar tiempo a contestarle, tomó una silla y se sentó en la cabecera de la mesa.

–        Verán, mi nombre no importa porque saben ya quien soy. Lo que ahora les ha dejado paralizados es el haberme reconocido. Si, soy esa silueta que ven en sus pesadillas y quiero decirles que lo que están soñando… ya pasó hace  mil años atrás: están recordando el final de los tiempos. El final que tantas y tantas profecías dijeron en su momento y que tanto miedo y temor incitó al ser humano de aquella época.

Los cuatro amigos no sabían que decir. Era como si de repente supieran lo que ocurría. Era como si hubieran despertado de golpe de un sueño inmenso, grande, magnífico y al mismo tiempo… una pesadilla.

–        ¿Qué quiere decir exactamente con ‘aquella época’?

–        ¿No se ha dado cuenta aún, señor mio? –replicó el personaje clavando su mirada en la de Pedro, como sifueran cuchillos-. ¿No me reconoce aún?¿No me recuerda?… soy el mismísimo diablo, el señor del Mal, la antítesis del Bién. Soy el Destructor de mundos, señor Pedro. Ustedes al igual que el resto de personas que ven, llevan muertos desde hace más de mil años. Su egoismo y avaricia hizo que el Armaguedón destruyese el mundo que conocía por las armas ue ustedes, dentro de su estupidez, crearon. Sí amigos mios, su Humanidad era malvada, cruel y sobre todo estúpida. En realidad no me habrían necesitado para destruirse si no fuera esa mi finalidad, mi destino. Mi existencia se basa en destruir aquello que El ha creado cuando esa ello, no sigue el camino del Bién que El estableció. Su castigo es repetir la misma historia una y mil veces, infinitamente, sin posibilidad de recordar nada definido de lo sucedido en sus repetitivas vidas anteriores .

–        Entonces…¿estamos muertos?¿es eso lo que ha dicho?

–        Exacto, Andrés, están todos muertos y condenados a repetir su existencia y dolor a lo largo de la eternidad. Están todos ustedes… en el Infierno.

Poco a poco, la luz del exterior comenzó a subir de fuerza, de potencia, inundando todo de un blanco espectral, mientras la temperatura subía muy rapidamente y los edificios de la ciudad comenzaban a saltar en pedazos. Se vieron de repente ardiendo, los muebles metálicos se iban fundiendo y todo alrededor comenzó a estallar, a quemarse, mientras en medio de las llamas y la luz y el polvo y un inmenso ruido, se veía la silueta del personaje reir a grandes carcajadas.

Justo antes de desaparecer, se oyó su voz decir:

–        Bienvenidos al Hades, señores, bienvenido a mi reino.

Y esa vez, nadie, despertó de la pesadilla.

Por cierto… el ‘cuarto amigo’, eres tú.

Saludos.

MYSTERYLAND