DEEP HOLE 3


... y de repente...

 

Los panéles de control vital nos habían dado luz verde para poder abrir la portezuela del módulo pero antes de salir, lanzamos las sondas volantes para controlar el perímetro de la zona de aterrizaje en un diámetro de cinco kilómetros. Nunca se sabe que podía esperarnos allí y más cuando el sensor de movimiento situado en la parte trasera de la nave, nos dio una señal corta y borrosa en la pantalla. Al no repetirse dicha alerta, decidimos que saldríamos cuando llegasen los datos de la primera sonda lanzada.

 El sistema hidráulico de apertura sonó a través de nuestros cascos provocando que el aire de dentro de la zona de salida escapase a través de la junta de cierre. Ahora ya podíamos empujar la puerta sin problemas y sabiendo que en el exterior había una atmósfera respirable por nosotros aunque, por precuación, decidimos llevar puesto el traje de aislamiento completo.

 Alan llevaba en sus manos el panel de control de recepción de datos de la segunda sonda de vigilancia externa la cual seguía aún dando vueltas a una distancia de unos dos kilómetros de nosotros pudiendo ver perfectamente su luz intermitente que nos indicaba de forma visual su posición y evoluciones.

 Nada. Ninguna señal de vida en todo el perímetro controlado por la sonda externa aunque aún teníamos en mente la alerta anterior del panel de vigilancia del módulo y que en su momento, nos sobresaltó.

 –        ¿Qué lectura nos da la sonda Beta, Alan?.

–        Cero. Nada. No hay movimiento de nada en ninguna parte, Mark. Podemos proseguir con el paseo.

–        Perfecto, dirijámonos pués hacia ese promontorio de la izquierda y recojamos muestras del terreno, además, parece que haya líquido cerca.

 Al caminar, notábamos que la gravedad era algo menor que en la superficie, permitiéndonos avanzar más rápidamente a cada paso que dábamos. El suelo, de color gris claro, tenía una buena capa de finísimo polvo del mismo color mientras que de tanto en tanto encontrábamos alguna que otra piedra de color más oscuro, parecida a basalto.

 Tanto la presión como la temperatura eran soportables y no habríamos notado mucha diferencia si hubíeramos salido sin los trajes de protección. A menos que hubiera una radiación desconocida para nuestros instrumentos, nada parecía poder hacernos daño alguno.

 Cuando estábamos a medio camino del promontorio, algo derribó la sonda Beta desperdigando sus restos a muchos metros alrededor. Por instinto nos agachamos y Alan comenzó a gritarme para avisarme de lo que se nos venía encima: una pequeña nave esférica, de no más de diez metros de diámetro y color gris oscuro, brillante, pasó por encima de mi cabeza a menos de dos metros. El aire que provocó me derribó dejándome tendido en el suelo provocando una buena polvareda alrededor nuestro.

 Alan sacó su arma del cinto y cuando apuntó al objeto que volvía hacia nosotros a toda velocidad, un deslumbrante brillo lo rodeó dejándolo paralizado en el suelo. Mi terror fuá máximo cuando vi que esa nave, se posó a unos veinte metros de distancia nuestro.

 Mientras observaba los rápidos acontecimientos, pude ver que Alan si bien estaba tendido en el suelo, el movimiento de su espalda me indicó que respiraba y por lo tanto seguía vivo aún sin saber el alcance de las posibles heridas. Me moví para incorporarme un poco y poder ver mejor la nave que seguía a corta distancia nuestra pero el miedo me tenía paralizado.

 No sabía que hacer. El sudor frio del miedo resbalaba por mi cara y mi acelerada respiración levantaba pequeñas nubes de polvo. No sé cuanto tiempo pasé tendido observando a Alan y la nave. Estaba paralizado por el miedo.

 De repente, una mano me cogió del hombro y me incorporó de golpe, casi lanzándome por el aire. No me atreví a mirar el otro extremo de ese brazo pero al verme de pié intenté lanzarle un golpe a lo que me levantó, cuando de repente noté un enorme pinchazo en mi espalda dejándome el dolor aturdido, casi inconsciente.

 A los pocos segundos, una nube oscura cruzó mi mente y sentí como la consciencia se me iba por segundos.

 Y al final, me desmayé.

 Mientras tanto, en el centro de control de la superficie, el Dr. Longbow se quedó mirando fijamente a su acompañante esperando una respuesta a lo que acababa de ver en los monitores de telemetría e imagen. El espanto estaba reflejado en su cara mientras que su acompañante, sonreía.

 –        Bien Dr. Longbow, ya sabemos que están en esa zona de aterrizaje, ahora solo basta que no descubran ‘la carga’ que llevamos en la nave.

–        ¿Carga?¿qué carga?, nadie me dijo que el módulo llevara carga atómica alguna.

–        ¿Atómica? –el acompañante rió estentoreamente-, no doctor, no es nada de uno de sus engendros nucleares. La ‘carga’ son un grupo de mis mejores soldados y que por razones de seguridad solo el general Rainfall, mis soldados y yo, conocíamos.

 El Dr. Longbow quedó perplejo. No sabía ni que decir ni como actuar en ese momento. Ahora solo le preocupaba el estado de los dos exploradores que tan lejos estaban. volvió la mirada al cuadro de control mientras el resto de compañeros que estaban en la misma sala, lo miraban esperando órdenes.

 –        Señores –dijo el acompañante- les ruego que salgan de la sala de control y dejen todos los instrumentos a mis hombres, que en este momento están entrando en la base.

 Todo el mundo se sobresaltó al ver como entraban los soldados del acompañante como si de un asalto se tratase. Sus grises caras y sus enormes ojos si bien se mostraban siempre inexpresivos, en ese momento parecían gozar cruelmente. Tras tomar posiciones en la sala de control, sacaron a todos los terraqueos e empujones mientras el Dr. Longbow era ‘amablemente’ invitado a levantarse de su sillón por el comandante en jefe de los alienígenas que acababan de asaltar el centro de control.

 Su estatura de cerca de tres metros, le hacían imponente ante el resto de sus soldados, no pareciéndose en nada a esos. Su rubia cabellera ondeó en sus anchas espaldas mientras acompañaba al doctor cogiéndolo por el brazo, hacia la sala lateral del control.

 Dos soldados grises acompañaron a su comandante y al doctor quedando de guardia en la puerta de la sala a la que acababan de entrar.

 Mientras tanto, los grises iban sentándose a los pupitres de control de la mision.

 El que parecía ser el segundo jefe del grupo, tomó el micrófono de transmisión al módulo y tras cambiar ciertos parámetros en el panel, dijo algo en su idioma el cual se parece a un siseo.

 Pero se podía ver que estaba dando órdenes a lo que fuera que estuviese en el módulo de la misión… y a buen seguro, esa conversación no pronosticaba nada agradable.

 Tras acabar su conversación con el módulo, uno de los grises tecleó algo en su terminal y en la pantalla general de la sala de control pudo leerse ‘CARGO HATCH OPEN’.

 Algo horrible se estaba preparando allá abajo.

 Saludos.

JULIUS

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3 comentarios to “DEEP HOLE 3”

  1. RoberTfe Says:

    Muchisimas gracias Julius, lo esperaba con ansia ;). aunque ahora despues de leerlo quiera más!.

    Un Saludo.

  2. FELIPE Says:

    Buena la narracion, que mas dejado en suspenso maese

    saludos

  3. hola julius cuando nos pones la siguiente parte de la historia?

En breve se publicará.

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