Operación: Deep Hole


...una magnífica soledad.

La velocidad de bajada cada vez era mayor notándose como las cinchas de sujección que nos fijaban al suelo del módulo, nos apretaban más y más hacia la plataforma donde estábamos controlando las comunicaciones con la base.

 Las paredes del tubo pasaban a altísima velocidad. La misma que tiene cualquier objeto que se deje caer desde una altura de dos mil kilómetros, pero esta vez no desde el cielo sino desde el mismo suelo.

 Nuestro viaje al centro de la Tierra acababa de empezar sin saber en realidad como terminaría. Desde luego no era como Julo Verne escribió.

 –        1000 kilómetros y bajando a velocidad constante. Presión y temperatura externa 100 bar, 200º C. -muy baja para lo que debería ser, pensé-.

 La voz del ordenador de abordo cada vez era más alarmante al indicarnos las constantes de la bajada. Mientras tanto, Alan pulsaba los botones del ordenador central para represurizar la nava a medida que íbamos bajando. Su rostro frío y tranquilo llegaba a exasperarme, era como si esa misión no fuera la primera para él, como si supiese perfectamente lo que había de hacerse a cada instante.

 –        Alan, ¿Cuánto falta para la inversión?.

–        Casi estamos en ella, cuenta que unos 10 minutos a esta velocidad. Acabo de comprobar la presión de nuestros trajes y va todo bien.

 Parecía que me hubiera leído el pensamiento: ese ‘detalle’ era del todo importante ya que, en el ambiente que íbamos a movernos, esa inmensa presión podría aplastarnos como una naranja bajo las ruedas de un camión.

 –        Vaya!!, ¿qué está pasando aquí?. Eros a Tánatos, parece que hay cambios.

 Tánatos era el nombre clave de la base central de la misión, nombre que me parecía adecuado para ellos ya que nosotros, éramos ‘Eros’. El dios de la vida y del amor griego, y ese no era un lugar muy placentero para ambas cosas.

 –        ¿Qué sucede Alan? –le pregunté algo alarmado ya que no observé nada en mi panel-.

–        Pués sucede que la presión externa está bajando y no entiendo el porqué.

–        ¿Bajando?¿como que bajando?, pero si estamos entrando en el centro del planeta, la misma debería subir en lugar de bajar. ¿Qué es lo que puede pasar?.

 Justo en aquél momento oímos la voz de la base:

 –        ¿Qué problema teneis, Alan?.

–        La presión externa está bajando muy rápidamente y ya he recomprobado la lectura con los otros dos manómetros, dándome las mismas lecturas. No lo entiendo pero hemos de pensar en igualarla en el interior de nuestros trajes o sencillamente… estallaremos en cuanto lleguemos al punto de inversión.

–        Correcto. Reduciremos la velocidad de descenso para daros tiempo a recomprobar la presión externa. Esperad órdenes.

 De repente los tirantes de sujección parecieron aflojarnos los hombros y notamos como la nave reducía la velocidad de forma muy notoria. Ahora podíamos discernir las luces del tunel de descenso sin que pareciesen un tubo luminoso. Pero ¿Cómo podía ser que la presión externa hubiera bajado tanto?¿qué nos esperaba en el punto de inversión?.

 –        Mark, reduce los hidráulicos de apriete de las compuertas, quiero comprobar las juntas ahora que podemos movernos sin peligro.

–        De acuerdo Alan. Pero no deberíamos soltarnos de los tirantes, no sea caso que..-no me dejó terminar un fuerte golpe en la parte de debajo de la nave que hizo tambalearnos dentro-.

–        ¿Y ahora que pasa? –dije sobresaltado al igual que Alan dio un notable salto justo cuando se soltaba de las cinchas-.

 Nos miramos sorprendidos y alarmados ya que temíamos que la presión interna pudiera haber reventado algúno de los sellos de contención de atmósfera de la nave. Eso podría acabar con nosotros y con la misión.

 –        Tánatos a Eros, hemos registrado una gran reducción de la velocidad y no hemos sido nosotros. ¿Podeis informarnos que ha pasado?.

–        No lo sabemos Tánatos. De repente hemos oído un fuerte golpe en la cubierta inferior y tememos que no sea un sello de contención que se haya roto por la gran diferencia de presión que hay ahora. No os lo creereis pero estamos a la misma presión fuera que la que tendríamos a un metro bajo el agua!!.

–        No puede ser Eros. Dadnos lecturas de datos externos. El ordenador de control no nos ha indicado nada de ese golpe, solo una gran deceleración y nada más.

–        Presión ahora 0’8 bar, temperatura 120º C, velocidad de descenso 200 kms/hora. TODO HA DESCENDIDO SIN PREVIO AVISO, TANATOS!!!.

 En aquel momento pensé en parar el descenso hasta que pudieramos controlar lo que ocurría. El problema era que faltando tan poco para el punto de inversión, eso era solo posible desde la base y no desde nosotros. Además, si deteníamos el descenso…deberíamos hacer el ascenso de forma manual sin control de la verticalidad por parte del ordenador central de la base ya que para ello, habíamos de romper los cables de comunicación y de seguridad de bajada, lo cual implicaba que mediante propulsión teníamos que remontar lo bajado, operación en extremo delicada y peligrosa, ya que cualqueir rozamiento con los laterales del tubo de descenso, podría destruir la nave.

 –        Tánatos a Eros: no sabemos lo que ha podido ocurrir con el tema del golpe, pero es que tampoco comprendemos ese cambio de parámetros externos, ¿podríais darnos una lectura de oxígeno?

–        Ok Tánatos: la misma proporción que en vuestro nivel, un 21%. Lo que nos preocupa es el como ha podido ocurrir que hayan bajado los otros parámetros.

–        No lo sabemos Alan. Pero si sigue así la cosa tendreis que plantearos el detener o no el descenso. Y estais a solo 15 minutos a esta velocidad, del punto de inversión.

–        De acuerdo base. Decisión a 5 minutos de llegada –contesté por el comunicador-

–        Roger. Decisión a 5 minutos del punto de inversión.

 Alan me miró sorprendido ante mi orden ya que eso rompía el protocolo de la misión al tener que tomarse tal decisión tras consultarlo ambos tripulantes. Pero no había tiempo para más decisiónes.

 –        Mark, no creas que estoy en contra de la orden dada por ti, pero podrías habérmelo consultado antes ¿no crées?. Sus ojos mostraban su enfado por mi decisión repentina.

–        Mira Alan, si seguimos bajando con estos parámetros y a esta velocidad aún tenemos tiempo en esos 5 minutos de reprogramar el ordenador de abordo para ascender de forma manual. O eso o tomamos la decisión cuando ya no podamos hacer nada.

 Alan, refunfuño pero sabía que no estaba equivocado: si llegábamos al punto de inversión, el sistema es automático y no permite volver atrás a la nave, desconectando todos los sistemas de comunicación por cable y los tensores de seguridad de descenso, iniciándose el volteo de la nave junto con la plataforma y cerrando encima nuestro, el tubo de ascenso sin que pudiéramos hacer nada para detener la secuencia.

 Cuando la voz del ordenador de abordo nos indicó los cinco minutos de arribo al punto de inversión, decidí seguir adelante al no haber habido mayores variaciones en los parámetros y ninguna pérdida de presión en la nave. La temperatura de hecho, bajó hasta los 60º C y la presión se mantenía. ¿Porqué?, no lo sabíamos.

 –        Eros a Tánatos: proseguimos al punto de inversión. Todos los parámetros son correctos, demasiado correctos para ser verdad, pero los hemos comprobado con todos los sistemas auxilares dándonos el mismo resultado: presión 0’8 bar, temperatura 60º C, velocidad 200 kmh.

–        Roger Eros. En el punto de inversión cerramos comunicaciones por cable y control de telemetrías. Iniciar los transponders en cuanto se cierre el tubo.

–        Roger Tánatos. Inicio secuencia automática de desenganche.

–        Roger… y buena suerte.

–        Gracias base. Suerte Para todos.

 De golpe, la nave se detuvo y oímos los explosivos que cortaban los cables de comunicaciones, telemetría y de ascenso. Estábamos en esos momentos solos. Mientras tanto, notámos como ‘algo’ nos tiraba hacia arriba, como si estuvieramos cayendo desde la cabina hacia el techo de la nave.

Estábamos en el punto de inversión de la gravedad y en cuanto se cerrase el tubo de ascenso, la plataforma giraría 180º hacia abajo para iniciar nuestro ‘despegue’ hacia el punto de llegada en la superficie cóncava de nuestro planeta.

 Los cables de sujección de la nave se desprendieron para así poder iniciar la secuencia de despegue de la nave hacia el interior de la Tierra.

 El tramo que deberíamos volar en vertical era de unos 500 kms hasta que llegásemos al nivel del suelo interior. La velocidad de ascenso podía ser controlada al 100% por el ordenador de la nave y nuestra única preocupación sería solo de regular la atmósfera interior nuestros trajes y de la nave, a pesar de que sabíamos que los parámetros externos no eran peligrosos para nosotros ni para la nave.

 Alan encendió los propulsores magnetohidrodinámicos y sentimos como el cuerpo nos tiraba de nuevo hacia el suelo con más fuerza aunque de forma soportable y constante.

 Ninguno de los parámetros parecían cambiar y cada vez estábamos más sorprendidos por este hecho que en ningún momento se registró ni en el momento de la construcción del tubo ni por supuesto, en los cálculos de los científicos de la misión.

 La nave ascendía a buen ritmo, unos 300 km/h lo cual hacía que el viaje durase casi dos horas, utilizando ese tiempo para repasar todos los puntos de la misión y el instrumental que debíamos utilizar.

 Alan parecía más relajado ya que no teníamos que controlar el rumbo ni la trayectoria de la nave: todo lo hacía el ordenador de abordo y eso nos permitía estar más libres. Pero me preocupaba que siguiera molesto por mi orden anterior.

 –        Alan, ¿Cómo vas?

–        Bien, no pasa nada si te refieres a lo anterior. Solo que la próxima vez mejor me consultas también. Tenemos el mismo cargo en esta misión y no es por cuestiones de mando, es sencillamente que me siento más seguro si veo que confías en mi.

–        De acuerdo Alan, así lo haré. No te preocupes. Por cierto, ¿Cuál de los dos será el primero?…

 Alan se sonrió, pués ya sabíamos que sería el que hubiera escogido la base. Eso estaba dentro de un sobre sellado que debíamos abrir los dos. Y eso es algo que o es bueno o es terrorífico, todo depende de lo que nos encontremos allí ‘abajo’.

 –        Espero que seas tú, Mark. No me gustaría tener problemas con cualquier habitante posible que nos encontremos allí.

–        Jajaja… según los científicos, no hay nadie aquí abajo. Aunque de todos modos y tras haber tenido ya una sorpresa nada esperada, no me extrañaría que estuvieran equivocados.

–        Pués por eso Mark…por eso…jajaja.

 –        Diez mil metros a superficie –nos indicó la voz del ordenador-. Iniciación de aumento de potencia.

 –        Sujétate Mark, esto será divertido. Paso a manual en cuanto salgamos del tubo.

 La nave a los 30 segundos aumentó la potencia de los motores con el propósito de que saliéramos del tunel vertical a la velocidad suficiente para poder realizar el aterrizaje desde una altura de unos cinco mil metros para buscar un lugar adecuado donde posar la nave.

 Salimos despedidos del tubo a más de 500 kms/h, levantando una gran nube de polvo en la superficie, no permitiéndonos ver el suelo hasta que llegamos a los cinco mil metros de altura.

 Fue entonces cuando la sorpresa se mezcló con el miedo: estaba todo iluminado y absolútamente desértico. El color del paisaje era gris, como el que se vió por televsión cuando alunizó el primer Apollo. En este momento comprendí lo que dijo Buzz Aldrin al respecto de la Luna.

 –        Altura de navegación manual alcanzada. Mark, te toca.

–        Roger. Agárrate fuerte Alan, quiero dirigir la nave hacia ese punto a la izquierda de nosotros. Iniciando retrocohetes.

–        Iniciando secuencia de seguridad.

 Tres mil…dos mil… mil metros de altura, la nave se dirigía al punto escogido de forma rápida y sin sobresaltos. Quinientos metros… -iniciando frenada lateral y descenso-.

 El módulo se posó en medio de una gran nube de polvo y al final, cuando contactó físicamente con el suelo, oímos con claridad como se retraían los trenes de aterrizaje de la nave. Tal vez, menos de lo que pensamos.

 –        Motores apagados. Nave segura. Datos externos normales, iguales a los anteriores.

–        Roger Alan. Apaga el sistema de seguridad y marca nuestra posición en los transponders para la misión. A ver si hay suerte y nos captan ahora.

 La soledad del paisaje era inmensa, infinita. Todo era gris claro, iluminado y sin saber de donde veía esa luz, nos temíamos que la misma fuera producida por reacciones nucleares en determinados materiales de esa ‘nueva tierra’, aunque nuestros trajes estaban preparados para ello, no sabíamos en realidad si esa posible radiación podría afectar a la nave y a nosotros. Todo dependía de la potencia que tuviera, auqneu por el momento, los sensores no indicaban radiación alguna.

 Estábamos emocionados al ser los primeros en llegar al sueño de Verne: estábamos en el centro de la Tierra… y vivos.

 (FIN DE LA PRIMERA PARTE).

(NOTA. LAS IMAGENES QUE SALGAN EN ESTE POST SON TODAS REALIZADAS POR JULIUS Y OS LAS DEJO LIBRES DE USO, SIEMPRE QUE PONGAIS EL ORIGEN.)

Copyright-JULIUS-2008

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51 comentarios to “Operación: Deep Hole”

  1. basajaunottawa Says:

    Tranqui Ometepe, lo que comentas es algo que ya lo hemos rodado…

    Pero gracias por recordarlo amigo.

    Tube un amigo Mizkito (un Nika), llamado Virgílio…estubieron en un intercambio de estudiantes o algo así…hace ya….joer! una porrada de años.
    “Mu” buena gente.

En breve se publicará.

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