Una estrella llamada María.


A la mejor madre.

A la mejor madre.

 

El mar iniciaba su cambio de color al mismo tiempo que el Sol

comenzaba tímidamente a transformar Barcelona en una silueta

recortada contra su rostro, mientras el tren recogía las migas

que, entre las traviesas de la vía, dejaba el viajero.

 

Ana, sentada en un asiento de ventana, contemplaba como el azul del

Mediterráneo se transformaba lentamente en un espejo de ocres, rojizos

y cálidos colores. Y esa sensación le hacía recordar lo feliz que era

ahora…, en estos momentos…

 

Bajó del tren y pudo respirar tranquila esa brisa salada y dulce que el

viento de garbí le ofrecía como bienvenida a la playa. La temperatura era

agradable gracias a ese soplo que solo el Mediterráneo ofrece a,

precisamente, esa hora de la tarde. Ese agosto era caluroso durante las

horas de la mañana y mediodía pero regalaba una tregua durante el

atardecer.

 

Hacía tiempo que Ana no iba a la playa, en donde podía alejarse de las

ruidosas calles cuyo cielo es como una serpentina mal desenrollada.

 

Unas calles donde la gente anda con la vista baja, hacia el suelo, como

buscando la felicidad que Ana en esos momentos sentía. Muchas

lágrimas fueron derramadas a lo largo de 8 años, cuando el amor se

tradujo en amenaza y cuando ver la cama era observar el patíbulo.

Ana se separó de su mala pareja hace solo unos meses; lo hizo después

de la última paliza y de la recomendación de una agente de los Mossos

d’Esquadra para que se alejase y dejase a ese maldito animal que tenía

por pareja. Una bestia llamada Juan.

 

Ahora Ana sentía como la arena de la playa en la planta de los pies,

escurriéndose entre los dedos como queriendo ascender con vida propia

para acariciarla toda su piel, con suavidad la incitaba a seguir hasta

cerca de la orilla. Ana se sentía en otro mundo, en otro espacio personal

del cual nunca debió salir.

 

Se sentó y apoyó la cabeza en las rodillas, observando,

alternativamente, a la gente que paseaba o se seguía bañando, y al mar

y su horizonte, una línea recta que marcaba el límite de sus falsos sueños,

de sus falsas ilusiones, de lo que ella vivió durante tantos años y

sufrió durante tantos días. Pero… su horizonte estaba mucho más lejos

que aquel que ahora estaba viendo, a pesar de que, debido al trauma

sufrido durante años, se hubiera vuelto muda; muda por el miedo a ese

animal llamado Juan.

 

Estaba en tratamiento con una logopeda para que la ayudara a recobrar

el habla, sin miedo, sin terror, sin temor a que su voz pudiera enfurecer

a nadie.

 

Mientras pensaba en sus nuevas amistades, en el piso que acababa de

alquilar junto a otra compañera de desdichas y que la asociación de

mujeres maltratadas les había facilitado, oyó de repente una vocecita

que le decía: “¿Quieres ayudarme a hacer un castillo para una princesa?”

 

Esa voz… -dulce, tierna, infantil- era de una niñita de no más de 5 años,

ni guapa ni fea, bronceada por el sol y con unos ojillos que invitaban a

no negarle nada. Ana respondió como pudo, recordando palabras que su

alma y su mente tenían casi olvidadas:

 

– Ssssiií… pppeeppero nno ttengo cccon qqqueé.

– Bah, no te preocupes. Mira, tengo un cubo y una pala -le respondió la

niña-. ¿Ves?; ven, vamos a jugar.

 

Ana se incorporó sin valor para decirle NO a esa personita pequeña. A

esa mini-dulzura que le pedía jugar juntas. ¡Cuántos años hacía que no

podía jugar!

 

La pequeña era un terremoto. Ahora traía agua, después le pedía que

subiera más las murallas del castillo, luego le sonreía y le pedía que

fuera ella a traer agua…

 

Y Ana disfrutaba de esa tarde. Volvía a ser importante, aunque fuera

para una persona pequeñita, constructora de castillos de arena.

Se miraban y reían; lo estaban pasando muy bien y al poco tiempo el

castillo estaba terminado.

 

Ana -algo cansada por tanto ir y venir, reír y sonreír… se sentó en la

cálida arena de la playa. La niñita la imitó, y una al lado de la otra se miraron.

 

– Gracias por ayudarme a hacer este castillo -dijo la niñita-. Es precioso

y en el podrá estar feliz mi princesa.

 

– Gggrraacciciccciaasss aaaa tiii, pppeqqueeeññña.

 

La niñita se incorporó en ese momento y le preguntó:

 

– ¿Cómo te llamas? – Aaannnaa. ¿Yyy ttttuuu?

 

En ese momento la pequeña sonrió, y acercando su mano al oído de Ana

le dijo:

 

– María. Mi nombre es María. Lo sé porque mi mamá me llamaba así

cuando estaba dentro de ella, cerca de su corazón. Y también me decía

que ese nombre era porque su abuelita la quería mucho y le gustaría

llamarme así.

 

Ana se quedó mirando –la mirada perdida en el recuerdo- y una sombra

pasó por sus ojos. Recuerdos de una pesadilla que un tal Juan le había

propinado.

 

María…

 

Y la niña, regalándole la mejor de las sonrisas, tomó su mano y

acercándose al oído le dijo: “¿Ya no te acuerdas de mí, mamá?”

 

Las lágrimas afloraron a los ojos de Ana. Se acordó de batas blancas, de

una mala camilla, de un mal llamado ‘doctor’ que se metió entre su alma

y el mundo, del olor a alcohol, de…. una bestia llamada Juan.

 

María le volvió a hablar y le dijo que cuando tuviera un hermanito, le

gustaría que él brillase en la Tierra como ella, María, hace por la noche al

ladito justo de la Luna:

 

– ¿Ves aquella estrella pequeñita de allí, donde la Luna sonríe? Pues se

llama como yo: María. El día que vuelvas a tener la vida en tu interior, la

de mi hermanito, espero que hagas un castillo con él, aquí, en la playa.

Y tú serás la Reina y yo la princesa. ¿Quieres, mamá?.

 

 

 

La brisa era más fría y el sol hacía tiempo que se había ocultado en ese

horizonte de tierra. La Luna brillaba con fuerza y parecía sonreír.

 

Ana acabó de salir del sueño, sin saber si todo había sido una mala pasada

de Morfeo o había sido real. Se levantó y a paso lento y acompasado,

casi meditado, se dirigió a la estación del tren de la costa. Sentada en

uno de los bancos de la estación, siguió viendo en su mente a aquella

niña, llamada María, como la hija que perdió por culpa de una bestia

llamada Juan.

 

El recuerdo del olor a alcohol hizo que dos lágrimas corrieran por sus

mejillas.

 

Mientras tanto, Dios mecía las olas del mar evitando romper las murallas

de un castillo de arena…, de un castillo de amor.

 

MYSTERYLAND

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14 comentarios to “Una estrella llamada María.”

  1. Qué bonito Julio, has sabido bordar la hermosura de la esperanza sobre una tragedia.

    ¡Chapeau!

  2. survivor Says:

    Julius buena narrativa, te trasladas a la escena de la historia.

    Saludos

  3. Precioso!
    Puedes ser solamente una persona para el mundo, pero para una persona tú eres el mundo.

  4. Hola Julio, me gustó mucho el cuento, deberías escribir más cosas así.

    saludos!

  5. Gracias por tus ánimos Rosaura.

    Poco a poco iré poniendo cuentos que tengo escritos de hace tiempo.

    Abrazo.
    MYSTERYLAND… JUL… 😉

  6. Y por supuesto gracias a todos porque me anima a seguir escribiendo y mostrando cosas que, a pesar de mi dureza y palabrotas… las escribo con ese músculo llamado corazón.

    Gracias por vuestro apoyo.

    Abrazo.
    MYSTERYLAND

  7. Si en el fondo eres un buenazo Julio.

  8. hola Julio, una duda, cuál es tu otra pagina que tienes? porfavor tengo curiosidad de visitarla.

    de antemano gracias!

  9. Mistery and company:

    Perdonad por utilizar este apartado, pero es lo único que tengo para poder despedirme.
    No entro en nada más…Jorge no me ha publicado mi despedida (a mi no me echa nádie, yo me voy cuando no soy bién recibido).

    Así que nada, buena suerte a todos/as y que Jesus esté siempre en vuestros corazones.
    Hasta siempre.

    OTTAWA

  10. Un saludo OTTAWA, cada uno tiene sus reglas , quien las acepta bién y quién no .. pues es lo que hay, de todas formas no dejes de informarte por que algo gordo está ala vuelta de la esquina.
    Si de aquí a mediados del año que viene no hay cambios significativos dejaré de ser un buscador de la verdad y pasaré el resto de mi vida sin complicarme la vida y disfrutando de mi familia, futbol, aficiones, playa etc etc
    Claro que todo lo que uno ha aprendido me servirá para descifrar el entramado de ste mundo. Lo dicho ,saludos y suerte.

  11. Saludos Survivor.
    Una cosa són las reglas…otra es la regla.

  12. Segun tu própia vara de medir seras medido.

    La Bestia sanará su terrible herída.
    Todos adorarán a la bestia.
    El Oro ya veis como ha bajado una burrada en pocos días, el Dolar aguanta…
    TODO es una extratégia.
    La información desde instituciones oficiales…está orientada a direccionar a sectores de los mercados.
    Es todo una maniobra para sacar mucho dinero de inversores muy muy desconcertados, desesperados, despistados…
    DESPISTE.
    El despiste es GENERALIZADO, en todo!

    Los problemas gordos aparecerán en unos años.

    Si el Padre díjo que NÄDIE conoce el Día, es por que NÄDIE lo conoce.

    La promesa no será incumplida.

    Recuerda el cuento de que viene el Lobo….

    Cuando todo el mundo ya no haga caso de las señales (dado que de “esta” vamos todos excarmentados), entonces será cuando todo se precipite.

    Mientras tanto el circo continua.
    Y los chentrails GLOBALIZANDO el clima tb.

  13. Bonita historia, aunque prefiero tu lado oscuro, como el que desvelas cuando hablas de nuestros políticos.
    ¡Más de un mes sin escribir nada nuevo! Si tienes otra página, avisa a los parroquianos, please.

  14. Hola ‘rate this’, verás que he puesto un nuevo artículo-comentario para contestarte, no solo a ti (gracias mil) si no a otros colegas que me han escrito por email.

    El próximo será algo ‘bestia’ para todos.

    Saludetes.
    MYSTERYLAND (y gracias por tu visita colega 🙂 )

En breve se publicará.

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